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Charla-Padre Marco Antonio Duran, Carmelita

ACTIVIDADES > Pos-Congreso Realizado el 13 de julio del 2013

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POST-CONGRESO EUCARÍSTICO

TEMA A DESARROLLAR:

CONSEJOS EVANGÉLICOS Y VIDA EUCARÍSTICA.

EXPOSITOR: FR. MARCO ANTONIO DURÁN, OCD



Casi todos los fundadores y fundadoras de Familias Religiosas se han caracterizado por una fuerte vivencia eucarística. Y no es para menos, ya que existe una gran relación entre vida religiosa y Eucaristía. En la Eucaristía encontramos –vivo y real- a ese Jesús al que, por habernos llamado, le queremos seguir de una forma particular y radical en la vida consagrada.  El tema que vamos a desarrollar a continuación (y que fue el que se me pidió para el Congreso Eucarístico de Cartago) se centra concretamente en la relación entre Consejos Evangélicos y Vida Eucarística.

Inicio entonces esta exposición ubicando, de forma resumida, la temática de los consejos evangélicos y de la Eucaristía en su contexto propio, es decir, los "consejos evangélicos" dentro del contexto más amplio de la vida consagrada, y la "Eucaristía" dentro del contexto del proyecto salvífico de Jesús, el Reino de Dios; proyecto que le supuso a Jesús la entrega de toda su vida, llegando incluso hasta la muerte.

Sobre la Vida Religiosa. Recuerdo, en primer lugar, que la Iglesia ha visto la vida religiosa como una vocación, un proyecto y una forma de vida de profunda comunión y entrega a Jesucristo, en la que la preocupación por Dios y por su servicio, concentra toda la vida de los religiosos y religiosas. Se trata de una búsqueda constante de Dios, como absoluto, motivada por el amor; y es esto lo que da sentido a todo lo demás, dígase: vida fraterna, consagración, consejos evangélicos, vida orante, misión, opción por los pobres, etc.

En este contexto tradicionalmente se han situado los consejos evangélicos de pobreza, castidad y obediencia, como expresión de esa donación total a Dios; es por ello que los votos o consejos evangélicos se llegaron a entender como lo esencial o lo fundamental de este estilo de vida (de hecho, toda la fundamentación y reflexión sobre la vida religiosa se centraba en los votos o consejos evangélicos). Sin embargo, después del Concilio Vaticano II el enfoque teológico sobre la Vida Religiosa ha sido mucho más amplio, y aunque no se llegó a negar lo anterior (la centralidad e importancia de los votos), sí que se abrieron nuevos horizontes de reflexión sobre la vida religiosa. Así por ejemplo, ésta se presentó como "la forma -por excelencia- de vivir la radicalidad del Evangelio" (J.M.R. Tillard, Thadée Matura); o también, como "una vida animada por el Espíritu, de seguimiento de Cristo según el Evangelio" (J.B. Metz). En América Latina, en los últimos años, la vida religiosa se ha entendido a sí misma como "una vida consagrada mística y profética, al servicio del Reino" (cfr. Documentos de la CLAR).

Todos estos son acentos y enfoques que nos hacen comprender que la vida religiosa, y los votos o consejos evangélicos que la expresan en su dimensión más honda, no es una realidad "ya hecha" y "ya definida", sino que es una realidad abierta, en constante autocomprensión, que intenta (con aciertos y errores) responder, por un lado, a los retos de una humanidad en constante cambio, y por otro y sobre todo, a las exigencias y mociones del Espíritu, que quiere "hacer nuevas todas las cosas" (Ap 21,5) desde la fidelidad al Evangelio.  

Según esto nos preguntamos: ¿Cómo entender hoy los consejos evangélicos o votos religiosos? Desde una perspectiva teológica general, el documento postsinodal "Vita Consecrata" los presenta así: "En la tradición de la Iglesia la profesión religiosa (los votos) es considerada como una singular y fecunda profundización de la consagración bautismal en cuanto que, por su medio, la íntima unión con Cristo, ya inaugurada por el Bautismo, se desarrolla en el don de una configuración más plenamente expresada y realizada, mediante la profesión de los consejos evangélicos" (No 30).

Aunque este enfoque teológico que nos ofrece "Vita Consecrata" es sumamente rico e iluminador, sin embargo, en su aspecto práctico, la comprensión de los consejos evangélicos y su carácter de signo dependerá -en definitiva- de cómo veamos y vivamos los religiosos y religiosas el contenido evangélico de los votos, así como también dependerá de la forma como los perciban las personas en medio de las cuales los pronunciemos públicamente. Y es que, en la doctrina tradicional, los votos tienen que ser un testimonio público de valores evangélicos, algo que la gente pueda ver y que les sirva de motivación y esperanza, para vivir también ellos su vida cristiana con generosidad y coherencia. Si esto no se da, la vivencia de los consejos evangélicos pierde su fuerza.

Paso ahora a abordar la otra realidad implicada en esta charla: el Misterio Eucarístico. Aquí quiero solamente resaltar algunos elementos puntuales que nos puedan servir de iluminación para acercarnos la Eucaristía.  Sólo al final intentaré hacer un acercamiento y diálogo entre consejos evangélicos y misterio eucarístico.

Lo primero que quiero afirmar al acercarnos al misterio eucarístico es que éste debe ser no objeto de "devoción", sino de fe. La Eucaristía es ¡misterio de fe! Pobre valoración le haríamos a la Eucaristía si la convertimos o la reducimos "a devoción".

La Eucaristía hay que situarla dentro del proyecto salvífico de Dios, ubicándola dentro de la "nueva alianza" sellada con la sangre de Jesucristo, por eso la Eucaristía es "presencia salvadora de Jesús en la comunidad de los fieles" (Ecclesia de Eucharistia, 9). Ella expresa y contiene "el sacrificio pascual de Cristo", un sacrificio que se consuma por amor, según las palabras del mismo Jesús: "Nadie tiene amor más grande que quien da la vida por sus amigos" (Jn 15, 13). En la Eucaristía se contiene el acontecimiento de la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor; no solo se evoca, sino que se hace sacramentalmente presente; es el sacrificio de la cruz que se perpetúa por los siglos. Es por ello que cuando la Iglesia celebra la Eucaristía -memorial de la muerte y resurrección del Señor- "se realiza la obra de nuestra redención" (EE 11).

El sacrifico de Cristo que se actualiza en la Eucaristía es "verdadero sacrificio"; sacrificio en sentido propio y no sólo en sentido genérico (EE 13); sacrificio salvífico. En este sentido, bueno es tener presente aquí que Jesús en la Eucaristía es "pan partido", "pan entregado" por nosotros; su sangre es "sangre que se derrama" para el perdón de los pecados. Desde este punto de vista la Eucaristía tiene, no solo la dimensión salvífica que todos le reconocemos, sino también una dimensión profética y de denuncia. Donación y entrega de Jesús y de los que "comulgamos" con Jesús. Sobre todo si recordamos que es en el contexto de la "última Cena" -por tanto, de la Eucaristía- cuando Jesús lava los pies a sus discípulos y les dice: "Les he dado ejemplo para que hagan los mismo que yo he hecho con ustedes" (Jn 13, 15), que prácticamente equivale a lo que Jesús había dicho en la versión de los sinópticos: "Hagan esto en memoria mía". Dicho en otras palabras, Jesús nos exhorta no solo a celebrar "la Última Cena" y su presencia eucarística, sino también a lavar nosotros los pies de los hermanos (servicio) como él lo hizo. Por tanto, la Eucaristía es no solo presencia y actualización del misterio de Cristo, sino también -necesariamente- compromiso, actitud de servicio humilde, solidaridad, amor entregado y sacrificado…

Pasamos, ahora sí, a abordar la temática central que se nos ha propuesto: la relación y las implicaciones entre "consejos evangélicos y misterio eucarístico".

En primer lugar, afirmamos que la vivencia de los consejos evangélicos, fundamento de la vida religiosa, sólo se da a partir de una "especial relación con Jesús", la cual implica asumir el mismo modo de vivir de Cristo y su proyecto de amor: el Reino. Y, por otra parte, si la forma de ser de Jesús es patente especialmente en la Eucaristía, se concluye entonces que la vida consagrada, y en particular la vivencia de los consejos evangélicos, necesariamente tiene que ser eucarística, pues es en la Eucaristía donde se vive más plenamente esa relación con Jesús.

Por lo demás, a partir de un texto de la encíclica Ecclesia de Eucharistia (No. 6) que dice: "contemplar a Cristo implica saber reconocerle dondequiera que Él se manifiesta, en sus multiformes presencias, pero sobre todo en el Sacramento vivo de su cuerpo y de su sangre", me permito afirmar que "la sacramentalidad" (en un sentido amplio) es un elemento común entre consejos evangélicos y misterio eucarístico. ¿En qué sentido? En cuanto que la sacramentalidad supone signos que expresan o contienen una realidad evangélica o salvífica. En el caso de la Eucaristía es de todos conocida su dimensión propiamente sacramental (haciendo realmente presente a Cristo bajo los signos eucarísticos), y en el caso de los consejos evangélicos, aunque la consagración que ellos posibilitan no es directamente sacramental (VC. 31), sí que este estado religioso tiene la fuerza de re-vivir y re-presentar de manera perenne en la Iglesia, el género de vida obediente, virginal y pobre vivido por Cristo (1). Dicho de otra manera, los consejos evangélicos permiten que los religiosos "representen (es decir, hagan presente de nuevo) y expresen" a Cristo mismo en su modo histórico de vivir, y por ello tienen la fuerza de la sacramentalidad. Tal vez por esto, entre otras razones, la Eucaristía se vuelve central y fundamental para toda persona que sea llamada a identificarse con Jesús en su modo histórico de vivir (consejos evangélicos) y a "mostrarlo" al mundo de hoy. En este sentido también se puede decir que los consejos evangélicos posibilitan en los consagrados una "vida realmente eucarística"; más aún, la exigen, tal y como veíamos en el párrafo anterior.

Podemos afirmar además que los consejos evangélicos, al igual que la Eucaristía, tienen una profunda dimensión pascual, porque suponen una identificación particular con Cristo crucificado y resucitado.

Es claro que la Eucaristía es la renovación y actualización del misterio pascual de Cristo, el cual contiene la entrega y el sacrificio de Cristo hasta la muerte, y muerte de cruz (cfr. Flp 2, 8). De forma análoga, los religiosos y religiosas, por su consagración a Cristo y por la profesión de los consejos evangélicos, están testimoniando el misterio pascual de Cristo, ya que dichos consejos evangélicos suponen realmente un anonadamiento (sacrificio y muerte, por la donación total de la persona que estos consejos implican) que se orienta y subordina al supremo anonadamiento del sacrificio pascual de Cristo, así como también a una vida plena y "resucitada". De tal manera esto es así, que cuando los religiosos y religiosas participan de la Eucaristía, son asumidos por Cristo en el sacrificio pascual al cual se orienta su forma de vida anonada y sacrificada: dejan que Cristo los sumerja en su propio sacrificio, para participar también de su resurrección y glorificación. Y si los religiosos en su vivencia de identificación con Cristo no llegan hasta aquí, ello indica que tienen un deficiente conocimiento de su vocación o de que no la están viviendo bien (2).

Finalmente paso a abordar ahora lo que el misterio eucarístico aporta a cada uno de los votos o consejos evangélicos que viven los religiosos/as, como fruto de su seguimiento particular de Jesucristo (3).

CASTIDAD:

La Eucaristía -hemos visto- tiene un aspecto sacrificial, ya que el pan compartido y el vino bebido son equiparables al cuerpo entregado "por" nosotros y a la sangre de Cristo derramada "por" nosotros. Esta entrega la realiza Jesús no tanto en lugar de nosotros, cuanto "por amor a nosotros", como expresión del amor más grande. El consejo evangélico de la castidad está entonces en íntima relación con el "sacrificio": es incomprensible sin el amor que está abierto a todos, pero "gastándose y desgastándose" por todos y por cada uno, que es la forma de entregar la vida (el cuerpo) por amor. Supone entonces la castidad, una opción por el amor limpio, sincero, auténtico…, aquel que llega incluso "a dar la vida" por los demás (como lo hizo Jesús). Y tiene también, la castidad, la fuerza profética que denuncia el carácter idolátrico del placer y de la sexualidad deshumanizante, así como la degradación del amor en puro egoísmo.

OBEDIENCIA:

La vida consagrada se convierte en "memorial" mediante el consejo evangélico de la obediencia. Entendemos por memorial un "acontecimiento que se actualiza". En este sentido el voto de obediencia "actualiza" la obediencia de Cristo que el religioso/a hace suya. En la Eucaristía se actualiza la actitud básica ante el Padre, que es la obediencia. Jesús es el obediente por excelencia; su adhesión al designio del Padre fue plena. Precisamente por esto, la obediencia del religioso/a que se abre a la voluntad del Padre, es el núcleo de la vida consagrada, ya que le permite identificarse más plenamente con Cristo en su entrega por el Reino. (Contradicción profunda la de un religioso/a que participa de la Eucaristía pero no obedece).

Tiene también la obediencia evangélica una dimensión profética, ya que optando el religioso/a por una autoridad que sea sinónimo "de servicio", al estilo de Jesús (lavando los pies a los hermanos, especialmente a "los últimos", a los pobres y olvidados), denuncia la manipulación del poder, que lo desnaturaliza, no sirviendo al pueblo, sino sirviéndose del pueblo en beneficio personal o grupal.

POBREZA:

La Eucaristía es también banquete, con la particularidad de que la comunidad de mesa ha de conducir necesariamente a la comunidad de vida. Es banquete como "expresión de la cercanía salvífica de Dios", sobre todo para con los pecadores (Cfr. Mc 2,17). Esta dimensión de la Eucaristía se refleja en el consejo evangélico de la pobreza, en cuanto "condivisión de lo que se es y lo que se tiene"; ello implica que se comparte hacia dentro con los hermanos y hacia afuera con los pobres y desamparados. Y por lo mismo, este voto de pobreza, iluminado y fortalecido por una vida eucarística, exige de los religiosos/as una opción clara por una vida pobre y sencilla, que supone muchas veces la denuncia del poder idolátrico del dinero y la promoción de la dignidad y de los derechos de los pobres.

Como conclusión de todo lo expuesto en esta charla, afirmamos que la vida religiosa es realmente "eucarística", ya que los consejos evangélicos de castidad, pobreza y obediencia, por los cuales el religioso/a se identifica particularmente con Cristo, son "un signo vivo" de una vida "consagrada", es decir, de una vida entregada totalmente a Dios por amor, así como también de una vida "sacrificada", esto es, de una vida entregada por amor a los demás. Y esto es precisamente lo que sacramentalmente creemos, expresamos y vivimos en la Eucaristía.


La Vida Consagrada, Severino M. Alonso, Instituto Teológico de Vida Religiosa, Madrid, 1980,  pág. 184.

De Vida Consagrada a Vida Religiosa: La voz del Sínodo-94. Armando Banderas, Editorial San Esteban, 1996, pp. 120-121.

Cfr. Espiritualidad Eucarística, Ponencia de Pascual Chávez. 35 Semana Nacional de Vida Religiosa, Madrid, 2006.

Bibliografía utilizada también:

Carta encíclica ECCLESIA DE EUCHARISTIA, Juan Pablo II. Editorial CECOR, Colección Magisterio, San José, 2003.

VITA CONSECRATA, Juan Pablo II, Librería Editrice Vaticana, 1996.

Teología de la Vida Religiosa. José García Paredes, BAC, Madrid, 2000.

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